Anticiparnos a los problemas es la mejor forma de evitar las crisis familiares que pueden acabar destrozando a los que más queremos. Es difícil que una pareja que va a casarse piense en ese momento cómo regular su situación en caso de divorcio, al igual que nunca es fácil sentarse a hacer testamento. No obstante, hay que encontrar el momento, asesorarse y decidir cómo queremos que se solucionen los posibles conflictos en el futuro.

En primer lugar, quiero hablaros de los pactos prematrimoniales (los “prenup”). No se trata únicamente de que, antes de contraer matrimonio, se piense en qué régimen económico matrimonial se quiere tener. Se trata de regular también muchas otras cuestiones atendiendo al proyecto familiar que se está creando al contraer matrimonio. En esos pactos pueden recogerse muchas medidas, tanto familiares como económicas, que se aplicarán durante el matrimonio o, posteriormente, en caso de divorcio o separación. De esta forma, en caso de que finalmente se produjese la ruptura, se evitará que el dolor, los celos, el rencor u otras reacciones habituales, destruyan no sólo a la pareja, sino también a los hijos. Además, estos pactos no son inamovibles, pueden modificarse durante el matrimonio para adaptarlos a las nuevas circunstancias y necesidades y, si no se hicieron antes de contraer matrimonio, pueden realizarse posteriormente.

Aunque pueden hacerse en contrato privado, mi recomendación es que se otorguen en escritura pública previo asesoramiento por un abogado que les dé forma y que explique con detenimiento a ambos el contenido de esos pactos y las consecuencias de los mismos pues hay cuestiones, como la custodia de los hijos menores, que no vinculan a un juez en caso de divorcio, pero que sí pueden mostrar qué pensaban los progenitores sobre la custodia en un momento en el que no existían conflictos entre ellos.  ¿Qué cuestiones se pueden tratar? Son muy variadas: custodia de los hijos, pensiones de alimentos, pensiones compensatorias e indemnizaciones por razón del trabajo, uso de la vivienda, régimen económico matrimonial (éste sí debe recogerse notarialmente en capitulaciones matrimoniales) o pactos sobre la liquidación y reparto de los bienes comunes, entre otros. No se trata de poner en duda el amor que siente tu pareja al contraer matrimonio, se trata de mostrar madurez y de planificar vuestro proyecto de vida.

El testamento es mucho más habitual pero, por desgracia, no siempre ha habido un adecuado asesoramiento previo. No se trata únicamente de nombrar herederos o dejarle el usufructo vitalicio al viudo/a. Pueden incluirse disposiciones de muy distinto tipo: nombrar tutor para los hijos menores, sustituciones fideicomisarias, legados, nombrar albacea o contador partidor, hacer partición de los bienes, etc… Una cuestión por ejemplo, que sucede en supuestos de divorcio, es que el progenitor no quiere que, en caso de fallecimiento, cuando sus hijos hereden su patrimonio, sea el otro progenitor quien lo administre. Esta situación puede solucionarse con el nombramiento de un administrador y con el establecimiento de ciertas reglas para dicha administración que podrían incluir, incluso, que dicha administración se mantuviese una vez que los hijos fuesen mayores de edad para garantizar que, cuando reciban el patrimonio, tengan ya la madurez necesaria para ello. Asimismo, hay distintas formas de proteger patrimonialmente a un hijo con discapacidad o que, por cualquier circunstancia, resulte más vulnerable que los demás. En casos de empresas familiares resulta también esencial una buena sucesión para evitar que el legado de toda una vida sea despedazado. Ésta y muchas otras cuestiones necesitan de una buena reflexión que, llegado el momento, logre mantener a la familia unida y el patrimonio a salvo.

Pensar en la propia muerte es difícil, pero también lo es pensar que podemos perder el control de nuestras vidas, que una enfermedad como el alzhéimer, un trastorno psicológico grave o un grave accidente nos haga depender de los demás. Debemos pensar ahora, con total lucidez, quién queremos que asuma nuestro cuidado y tome las decisiones por nosotros, tanto en el aspecto personal como patrimonial, siendo de especial relevancia para los supuestos en los que hay una empresa familiar. Estas disposiciones pueden hacerse a través de un poder preventivo que únicamente entraría en vigor cuando se produjese la causa de la incapacidad y permitiría que, si deben tomarse determinadas decisiones, puedan hacerse con mucha mayor rapidez y efectividad.

En el caso de empresas familiares son también de especial importancia los protocolos familiares. Se trata de documentos totalmente personalizados y adaptados tanto a las características de la empresa como de la familia. Con ellos se consigue dar una mayor seguridad y estabilidad a la empresa proporcionando normas que permitan resolver los conflictos familiares y favorecer la toma de decisiones respetando los principios en que se basa y alcanzando los objetivos que se marquen.

Éstos son sólo algunos de los documentos con los que podemos protegernos a nosotros y a las personas que más queremos. Buscad un momento para pensar en vuestro futuro, acudid a un buen especialista y evitad que nada ni nadie destruya lo que más os importa.

Rocío Cera López

Abogada

Abbantia.com